Larga trayectoria la de los madrileños
Hamlet desde que en
1992 se dieran a conocer con su debut discográfico
denominado,
Peligroso.
En activo desde hace más de dos décadas, su
estilo ha pasado por diversas fases hasta encajar en la actualidad en
el metal puro y simple, sin más aditivos.
Guste o no, las modas tienen la suficiente importancia como para,
cuando menos, hacer recapacitar a cualquier formación acerca
de su futuro y replantear sus expectativas. Renovarse, no es morir, ni
traicionar los principios adquiridos y eso es lo que han hecho
Hamlet durante toda
su carrera, adaptarse a la actualidad del momento para no quedar
descolgados del tren que conduce el éxito. ¡
Al diablo! quien no
esté conforme. Seguramente a la banda le importa ¡
una puta mierda! Se
trata de supervivencia, de seguir funcionando dentro del rock de
gruesos perfiles, de continuar un camino que no es precisamente de
rosas. De llegar a un público que no es masivo pero si fiel
y al que no le gustan las traiciones.
Hamlet, con
La Puta Y El Diablo,
cumple con las previsiones sin doblar la rodilla, al contrario, han
facturado el disco más potente de toda su carrera,
ingresando en el universo de las bandas que no necesitan más
adjetivo que el ya mencionado metal. Y es que, como decía
más arriba, o te identificas con algo o quedas apartado.
Siguiendo el camino de
Soziedad
Alkoholica, los madrileños han fichado por
Roadrunner Records,
con las posibilidades internacionales que eso significa. Pero
también representa compromiso, trabajo duro y adherirse a
unas características, una marca de fábrica.
Y así, nos encontramos con un trabajo compacto que viene a
ser una evolución mejorada de
Syberia (2005) y
Pura Vida (2006).
Haciendo un símil con la Fórmula-1, han adaptado
su “
motor”
a las actuales exigencias acrecentando sus posibilidades de forma que
resulte mucho más competitivo.
Se mantienen los riffs musculosos y el empaque metálico de
los últimos años, pero se revolucionan los
tiempos de la mayoría de los temas buscando mayor
aceleración, ahí están los efectivos
casos de “
El
Hábil Reino Del Desconcierto”,
“
La
Tentación”, “
El Traje Del Muerto”
o, “
Escupe Tu
Vanidad”, por poner ejemplos representativos de
un trabajo que destaca por su solidez y por desechar cualquier
injerencia inconsistente. En todo caso, se ha tanteado la
incursión en terrenos de cierto tinte progresivo, como se
puede apreciar en “
No
Habrá Final” o, en el
energético “
Sacrificio”,
con el que despiden el álbum.
La nueva incorporación, el guitarrista
Alberto Marín,
ha encajado perfectamente para contribuir a la cohesión de
las guitarras junto a
Luis
Tárraga; asimismo, la batería de
Paco Sánchez
suena tremenda y arrolladora en todo el álbum, mientras
que
Molly
exige a su garganta un esfuerzo adicional, eliminando casi por completo
los tonos suaves, salvo pequeñas cuotas. Especialmente
efectivo podemos encontrarlo en “
Siete Historias Diferentes”
o en, “
En El
Nombre de Dios”, con un dramatismo subyacente en
la atmósfera.
Evidentemente, la parte técnica juega una tarea importante y
no se ha escatimado en recurrir a las opciones más
válidas como la presencia de
Alberto Seara en la
producción y la de
Logan
Mader (ex
Machine
Head), para la masterización.
El resultado definitivo perturba los oídos a las primeras
escuchas, densidad total, firmeza impenetrable y fuerza revitalizadora.
Locky Pérez
Grupo: Hamlet
Título: La Puta Y El Diablo
Calificación: 8,5
Discográfica: Roadrunner
Distribuidora: Divucsa
País: España
Año: 2009
www.myspace.com/hamletirracional
www.hamlet1.com