Pocos seguidores podían pensar que
Great White pudiera
recuperarse anímicamente y, en consecuencia, creativamente,
tras el trágico incendio acaecido en Rode Island durante una
actuación del grupo que se llevó por delante al
guitarrista
Ty Longley,
además de varios aficionados presentes entre el
público.
Pero, la vida debe seguir, tampoco es la única banda que ha
perdido a uno de sus miembros por el camino. Es fácil
deducir que, en algún momento debía producirse la
vuelta a los escenarios de la veterana formación
estadounidense.
El regreso se plasmó en 2007 con la edición de
Back To The Rhythm,
con una formación que incluía a
Jack Rusell (voz),
Michael Lardie
(guitarra y teclados),
Mark
Kendall (guitarra),
Audie
Desbrow (batería) y
Sean McNabb (bajo).
Fue una vuelta categórica, que no decepcionó a
fans y crítica. Así pues, la continuidad estaba
asegurada y ahora queda ratificada con este nuevo álbum de
título
Rising,
que contiene un poco de todo y con el único cambio en la
formación de
Scott
Zinder sustituyendo a
Sean.
El disco comienza con un par de temas de lo más
enérgicos,
Situation
y All Or Nothing, este último con un saborcillo
a AC/DC en los coros y en determinadas parte de guitarra. Luego llega
un cambio radical para introducirse de lleno en el AOR más
convencional, con
Don’s
Mind, donde destaca la voz de
Jack, quien realiza
una espléndida tarea a lo largo del álbum. Con
Shine, aparenta
volver la energía pero, de nuevo nos envuelven en
atmósferas edulcoradas, salpicadas de voces seductoras, tal
cual ocurre en la algo más activa
Loveless o, en
It Is Enough.
Un trabajo que respira los aromas del blues rock sureño con
derivaciones hacia el hard rock cargado de intensidad, por una parte,
pero con excesivos acercamientos a las melodías comerciales
y a los sonidos accesibles, lo que delimita su poder de
atracción en el resultado global para envolverlo en un
ambiente algo asténico.
Por fortuna, la calidad de sus componentes nos recompensa con instantes
seductores, como la rítmica
Danger Zone o,
Down On The Level,
con otro gran aporte vocal, sus coqueteos soul y algo de filigrana
guitarrera, sin olvidar la apañada versión que
ejecutan del
Let’s Spend The Night Together, de los
Rolling Stones.
Un disco cuyo cómputo final resulta dividido entre
unos delicados medios tiempos con gancho romántico, e
irrupciones tenaces con desequilibrante encanto rítmico.